Ecología Política vs Ecología Humana

Hace unos meses, tuve el placer de ser invitado a un congreso para hacer una comunicación. El tema, a priori, no era lo suficientemente atractivo desde el punto de vista de la Arquitectura y el Urbanismo. Sin embargo y tras la invitación del Doctor Pedro Pina a leer varios puntos de la encíclica papal “Laudato Si”, tuve la osadía de leérmela de por completo. No contento con ello y trás el punto de vista que pretendía dar a la comunicación, procedí al estudio de los programas políticos de las cuatro fuerzas más votadas el pasado 20 de diciembre de 2015, con la finalidad de ver cual era su apuesta por el urbanismo y la arquitectura de nuestras ciudades. No voy a castigar al lector con la comunicación completa, si bien a quien le interese no tengo inconveniente alguno en enviársela, si bien quiero dejar una pequeña reseña de la misma con el Abstract, la Discusión y las Conclusiones obtenidas.

Abstact

Tras el fracaso del bipartidismo en nuestro país, que vaticina unos años de difícil gobernabilidad, los representantes políticos que aspiran a dirigir nuestro futuro, en sus extensos programas electorales tratan de modo superficial cuales deben ser las bases que marquen las estrategias urbanas. Ante la evidente necesidad de redefinir el urbanismo y la arquitectura, no han reflexionado con la suficiente intensidad sobre el pilar base en el que se sustenta la calidad de vida de los ciudadanos.

La arquitectura horizontal y la actuación de grandes desarrollos urbanos, fruto de la ocupación insostenible del suelo, precisó de unas fuertes inversiones en infraestructuras y recursos ejecutados al amparo de la facilidad para convertir el suelo rústico en urbano, con la especulación que ello ha llevado aparejada, dando como resultado una crisis sin precedentes en España. Una nueva visión de la arquitectura y el urbanismo que la engloba, según contempla el Papa Francisco en su Laudato Si, nos direcciona hacia la eficiencia, la rehabilitación integral, el ahorro energético y la apuesta por las ecociudades.

Discusión. Ecología política versus ecología humana.

El modelo urbanístico establecido en la Ley del Suelo del 98 clasificando todo el suelo, menos el especialmente protegido, en urbanizable fue un claro desatino, sin entrar a valorar las graves consecuencias económicas irreparables que aún a día de hoy sufrimos. El resultado fue un urbanismo insostenible, preciso de grandes inversiones en infraestructura y transporte y sin exigencia de un estándar de calidad constructiva energéticamente hablando, y que a día de hoy sigue sin establecerse, ya que si bien el código técnico de la edificación es un inicio, su entrada en vigor en el año 2006 vino aparejado con el inicio de la crisis inmobiliaria, por lo que lo construido hasta entonces sigue basado en una normativa obsoleta en materia de energía, de la década de los setenta y ochenta del siglo pasado. Así pues, tenemos un parque inmobiliario, mucho de él de reciente construcción, completamente fuera de rango en materia de eficiencia energética.

Es importante subrayar el despropósito de nuestros dirigentes, ya que la Directiva 93/76/CEE ya adelantaba programas en materia de certificación energética y aislamiento térmico de edificios, si bien las exigencias en materia de certificación energética se establecieron de una manera seria en la directiva 2002/91/CE no habiéndose transpuesto en nuestro país hasta el año 2007 con la aparición del Real Decreto 47/2007 mediante el que se aprobó el procedimiento básico para la certificación energética de edificios de nueva construcción. Es decir, un año después de la publicación del CTE y con una absoluta inacción inmobiliaria.

Desde Europa se sigue exigiendo este acercamiento a la eficiencia energética con la Directiva 2012/27/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre de 2012, relativa a la eficiencia energética, por la que se modifican las Directivas 2009/125/CE y 2010/30/UE, y por la que se derogan las Directivas 2004/8/CE y 2006/32/CE. Es decir, que han transcurrido catorce años y cuatro directivas, lo que equivale a dos legislaturas y media, desde la primera directiva.

El objetivo marcado desde Europa pasa por reducir el consumo para el 2020 en un 20% y este dato no se está cumpliendo. La Comisión aprobó también una «Hoja de ruta hacia una economía hipocarbónica competitiva en 2050» en la que se señalaba, desde esta perspectiva, la necesidad de centrarse más en la eficiencia energética reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero del sector de la energía, y el conseguir una generación de electricidad con cero emisiones para 2050, para así reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 80 % y un 95 % en 2050 respecto a 1990.

Tal como se desprende de la directiva,

“Teniendo presente que, en las conclusiones del Consejo de 10 de junio de 2011 sobre el Plan de Eficiencia Energética 2011, se ponía de relieve que los edificios representan el 40 % del consumo de energía final de la Unión por lo que se insta a los Estados miembros a crear una estrategia a largo plazo destinada a movilizar inversiones en la renovación de edificios residenciales

residenciales y comerciales para mejorar el rendimiento energético del parque inmobiliario. Esa estrategia debería abordar renovaciones exhaustivas y rentables que den lugar a reformas que reduzcan el consumo tanto de energía suministrada como de energía final de un edificio en un porcentaje significativo con respecto a los niveles anteriores a la renovación, dando lugar a un alto rendimiento energético. Esas renovaciones exhaustivas deberían poder llevarse a cabo por etapas” 

Con esta clara obligación, Europa nos marca el objetivo a cumplir.

En España, el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, por medio de su Programa de Ayudas para la Rehabilitación Energética de Edificios Existentes (PAREER-CRECE) establece como requisito para ser beneficiario de estas ayudas que las actuaciones que se lleven a cabo deben mejorar la calificación energética total del edificio en, al menos, una letra medida en la escala de emisiones de dióxido de carbono (kg CO2/m2 año) con respecto a la calificación energética inicial del inmueble. Teniendo en cuenta que la escala para medir se mueve en un margen de letras que oscila entre la A, para aquellas edificaciones de consumo cero y G para aquellas de alto consumo de energía, no parece acertada la exigencia necesaria para obtener la ayudas, ya que alcanzar el estándar previsto para el año 2050 precisa tener edificios altamente eficientes desde ya, y por lo tanto el cumplimiento del Plan de Acción de Ahorro y Eficiencia Energética 2011-2010 establecido parece estar muy alejado de conseguir los objetivos marcados a nivel Comunitario.

Las formaciones políticas, obligadas por Europa, parecen tener claro la necesidad de dar un giro a la política urbanística y edificatoria, todos ellos promulgan la necesidad de llevar a cabo normativas encaminadas a la regeneración urbana donde se antepongan las actuaciones de ahorro energético, sin embargo se echa en falta la exigencia normativa y el incentivo necesario, a base de exenciones fiscales o tributarias, que promuevan un resultado edificatorio que se acerque al estándar Passivhaus.

Por otra parte, pocos se atreven a romper la burocracia y legislación vigente en materia de ordenación de la edificación. La tendencia europea hacia una liberalización de las profesiones, con la desaparición de la reserva de actividad, en una Ley de Servicios Profesionales de la que todas las formaciones huyen manifestarse y cuyo borrador anda de cajón en cajón desde hace más de seis años, sigue siendo un tema tabú entre nuestros dirigentes.

Hemos podido comprobar también la necesidad de redactar unas leyes que garanticen el resultado final del proceso constructivo, debe acometerse una seria reforma de la Ley de Ordenación de la Edificación. La figura del promotor y el constructor debe regularse de tal manera que se garantice el resultado final el producto. Hemos podido comprobar de primera mano cómo estas empresas aparecían y desaparecían sin dejar rastro siendo el único perjudicado el consumidor final. Debe profesionalizarse el sector en todo su ámbito, con todos los agentes intervinientes y durante todo el proceso.

Conclusiones.

Teniendo en cuenta que el 40% de la energía que se consume es en el parque edificatorio, parece indiscutible la preocupación mostrada a lo largo de su encíclica por el Papa Francisco referente al campo del urbanismo y la arquitectura, así como la reflexión realizada para que los dirigentes mundiales trasladen a acciones lo que continuamente vienen tratando en las reuniones y cumbres mundiales que se celebran.

En nuestro país, y tras el análisis de sus programas para las elecciones, se concluye que ninguno de ellos define el patrón que debe implantarse para alcanzar los objetivos marcados por Europa, más aún a sabiendas del enorme retraso que acumulamos. Los fines parecen claros, sin embargo los plazos y los modelos de financiación son deficientes, incluso inexistentes. Llegar a la conversión necesaria en materia energética del modelo actual de edificio precisa de grandes inversiones y no parece lo ideal que cada cuatro años se cambie el criterio. Al igual sucede continuamente en otras materias como la educación, la sanidad, la justicia, etc. Los periodos electorales vigentes no son suficientes para establecer y alcanzar los objetivos planteados y cumplirlos, sin embargo, la coyuntura que actualmente se ha dado, con cuatro formaciones mayoritarias obligadas a llegar a un acuerdo, parece la idónea para acometer grandes pactos a largo plazo y actuar con unos claros criterios que garanticen la sostenibilidad de España en materia de ahorro energético en edificación.

Es evidente que debe establecerse un verdadero Plan de Transición Energética y que ha llegado el momento de llevarlo a la práctica. Cualquier edificio, con la tecnología que existe en la actualidad, puede autoabastecerse por medio de energías renovables, debiendo premiarse y no penalizarse. Hace falta potenciar y financiar mucho más el I+D+I en materia de energía renovable y edificios verdes. El horizonte del 2050 en emisiones cero es plenamente alcanzable, y esta es la meta real que se deben marcar los dirigentes del mundo.

Solo así se logrará alcanzar el manifiesto de la Carta Encíclica Laudato SI’ del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común y cumplir con nuestra obligación de ser una humanidad responsable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s